PARROQUIA SAN SEBASTIÁN DE POZOBLANCO

domingo, 29 de octubre de 2017

Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser. Amarás a tu prójimo como a ti mismo

El amor a Dios no nace en nosotros por un deseo personal o como fruto de un empeño nuestro; es la respuesta al Amor de Dios, que nos ha dado la vida, ha salido a nuestro encuentro en su Hijo Jesucristo que ha muerto en la cruz para salvarnos de la muerte y el pecado, que perdona una y otra vez nuestras faltas y olvidos, y se ha quedado con nosotros como alimento en la Eucaristía… 

Lo extraordinario de las palabras de Cristo no es que se nos mande amar a Dios, sino que se nos permita amarlo y que se nos dé la posibilidad de hacerlo y de gozar de su amor. Nosotros, pecadores. Esto no es una imposición ¡es una maravilla!, un regalo, una gracia y, al mismo tiempo la posibilidad de la verdadera felicidad “amar y ser amado”.

¡Qué pena, lanzarnos a amores vulgares, ramplones, a objetivos banales! ¡Estar hecho para Dios y terminar ambicionando bobadas!

Pero el mundo así lo quiere, porque el que ama a Dios no se lo puede manejar; al que ama cualquier otra cosa se le pone eso delante de las narices y se lo lleva a cualquier parte.

"Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser. Es la revelación de nuestra grandiosa dignidad, de la vocación inscrita en nuestro ser, de aquello para lo cual hemos sido creados, y despreciarlo solo nos llevaría a una definitiva frustración.

Amar a Dios y al prójimo es una gracia que se nos ofrece y se nos da en Cristo por medio de su Iglesia. Por eso la verdadera caridad comienza por rezar, por vivir en gracia de Dios, y por recibir la Eucaristía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario